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¿De qué sirve toda esa luz si no podemos compartirla con los demás?

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Estudiante:   Mariana Moreno Casas
Curso: Undécimo D

Mí nombre es Mariana Moreno Casas, estudiante del grado undécimo D, llevo cuatro años en el Colegio Santa Luisa, a pocos meses de mi ingreso fui testigo del movimiento juvenil Huellas, llamó mi atención por su entorno tranquilo, sus actividades reflexivas, y a su vez divertidas. Pero no fue hasta hace un año que me motivé a participar con más apertura a este espacio que poco a poco fue transformando mi manera de observar a los demás y también a mí misma. En medio de encuentros, reflexiones y actividades, comprendí que la formación Ignaciana no solo se queda en palabras, sino que invita a vivir una fe que se expresa en acciones concretas y en el servicio a los demás.

En este camino conté con la oportunidad de participar en espacios de formación como el FAS, una experiencia que busca ayudarnos a comprender las diferentes realidades que conforman nuestra sociedad. Más que una actividad, fue un momento para detenernos y observar con mayor profundidad, reconociendo que cada historia tiene algo que enseñarnos.

Colección de fotos tomadas en los encuentros pastorales CTN IGN 36 y Campamento Misión 2026.

Sin embargo, una de las experiencias que más marcó mi camino fue participar en Curso-Taller Nacional Ignacio 36, realizado el año pasado (2025), en la ciudad de Medellín. Viajar desde Bogotá para encontrarme con jóvenes de diferentes ciudades del país, significó descubrir algo muy valioso: la diversidad no es algo lejano, ni extraño, tal como lo cita Kate Sheppard, sufragista, “La lluvia que refresca el suelo reseco está hecha de simples gotas”, con esta frase hago referencia a la simplicidad y a su vez complejidad de las diferencias con las que contamos, pero cada diferencia nos une con el propósito de florecer desde la empatía y amor.

En medio de esta experiencia participamos en misiones (voluntariados) para comunidades marcadas por la dificultad, donde la mayoría de personas sentían que “ni Dios llegaba hasta allá”. Sin embargo, al compartir con ellos comprendimos que el encuentro de los corazones puede devolver el refugio de la esperanza y el calor del amor, cuando se comparte la capacidad de transformar y sanar realidades.

Dentro de este camino también aparecen personas que acompañan estos procesos y que, con su testimonio de vida, ayudan a que muchos jóvenes descubran el valor del servicio, del encuentro y de la empatía.

Para comprender mejor como se vive este llamado a construir senderos de amor entre las personas, conversé con el director de Pastoral del colegio, quien dirige este movimiento y una estudiante que se ha dejado cautivar por todas estas experiencias que la rodean.

Durante la conversación, Jaime Arturo Báez, Director de pastoral y encargado del movimiento Huellas desde hace varios años, comparte cómo ha sido su experiencia acompañando a jóvenes y comunidades en estos espacios de servicio y entrega. Con una gran sonrisa, menciona que en la plataforma Huellas realizan una búsqueda constante de esperanza hacia las familias, adultos, jóvenes y niños, para que puedan construir sociedad en el presente y en el futuro, tanto para ellos mismos como para los demás.

Este proceso no solo ha marcado su labor dentro del movimiento, también su vida personal, permitiéndole sentirse orgulloso de lo que ha construido junto a otros. Sus palabras dejan ver que el voluntariado va más allá de ayudar; transforma tanto a quienes reciben apoyo como a quienes deciden servir, generando lazos de empatía y encuentro que perduran en el tiempo.

Esa misma transformación se refleja en la experiencia de Danna Camila Rubio, estudiante  compañera de la promoción Vikairus, quien ha acompañado este proceso durante cinco años. Con seguridad y autenticidad, afirma que “Huellas abre tus horizontes”, una frase que resume lo que significa para ella hacer parte de este espacio.

En su relato, se percibe cómo esta experiencia trasciende lo académico o lo social, convirtiéndose en un lugar que diariamente le llena el corazón, la impulsa a mejorar como ser humano y la conecta con realidades que, aunque no siempre vive directamente, le permiten comprender mejor el mundo que la rodea.

“Porque al final, la luz más grande no es la que guardamos para nosotros mismos, sino la que somos capaces de encender en los demás.”

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